Comercio Justo: mito vs realidad (Productores)

El papel de los pequeños productores y campesinos en el Comercio Justo es vital para entender cómo un comercio alternativo que defiende los derechos humanos, y puede ser transformador para la vida de muchas personas en situación de vulnerabilidad en países empobrecidos.

¿Es cierto que el Comercio Justo cambia la vida de los productores?

El productor es el centro del sistema del Comercio Justo, y las organizaciones no gubernamentales, importadoras, y organizaciones certificadoras se han esforzado por apoyar a los grupos más vulnerables y empobrecidos, para cambiar la dinámica del comercio internacional, y ofrecer una alternativa más sostenible, ética y solidaria.

El Comercio Justo no solo reporta beneficios económicos, sino que da acceso a nuevos mercados, así como a la información sobre la evolución de los precios, que de otro modo, no sería posible. Es importante la creación de la capacidad y la asistencia técnica que mejora la calidad de los productos, así como la utilización de técnicas nuevas o más eficaces. Además, existen estudios europeos sobre el Comercio Justo (Fair Trade: Market-Driven ethical consumption, 2005), en el que se argumenta que gracias al Comercio Justo suben los niveles de educación de los miembros de las pequeñas cooperativas, aumenta el empoderamiento de las mujeres locales, y se respetan las culturas indígenas, y tal vez lo más importante, los productores obtienen más poder para decidir, en general, y ello influye en su participación cívica.

© ARCHIVO FOTOGRÁFICO / PROYDE.

Un problema importante para muchos productores empobrecidos es que dependen de un único intermediario local, que marca los precios o que incluso los extorsiona a pesar de la mercancía. Para evitar estas circunstancias, con una mayor organización de los productores se puede romper los monopolios, de precios y transporte. Cuando los productores pueden comprar camiones, ya no necesitan el transporte de los intermediarios. Los intermediarios del Comercio Justo colaboran para que los productores aprendan a saber pesar sus productos, y conozcan los precios justos de su trabajo.

La cadena de valor en el café, el arroz, el algodón, y en la artesanía, se mide no solo desde la óptica económica, del puro beneficio, sino también desde una perspectiva social, para así captar los costes y los beneficios sociales, y desde el punto de vista de los productores.

Los beneficios sociales y económicos del Comercio Justo se extienden más allá de los propios productores, llegan también a las familias y comunidades de éstos. Además, si se combina con la agricultura orgánica, como en el café, el algodón o el arroz, la salud de los productores mejora notablemente, y no solo sus ingresos. El Comercio Justo aumenta la calidad social porque ayuda a los productores a cubrir sus necesidades básicas diarias y a vivir con dignidad, seguridad y esperanza. Los beneficios no económicos, en muchas ocasiones, son los que marcan la gran diferencia entre salir de la pobreza o no, y contribuyen a la autosuficiencia y a la independencia, así como a un acceso a microcréditos y unas relaciones comerciales más estables.

El Comercio Justo sigue siendo muy necesario, sobre todo, para pequeñas comunidades y campesinos empobrecidos, que viven en situaciones de riesgo y en alta vulnerabilidad social. El Comercio Justo busca el trato digno, el respeto, la seguridad, y un precio justo para cada productor local. Además, las organizaciones que trabajan en el ámbito del Comercio Justo velan por ayudar a encontrar los mercados más idóneos para los productos, a unos precios que reflejen el auténtico valor del trabajo realizado, con el fin de colaborar al desarrollo de las pequeñas comunidades locales.

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