Fundació ProidebaNoticiasPROYDERuandaVoluntariadoVoluntariado Internacional

Cuarta crónica del voluntariado en Ruanda.

Y llegó la última semana… esa que durante el viaje parecía tan lejana y que, de repente, nos encontró intentando guardar en la memoria cada sonrisa, cada abrazo y cada momento vivido.

Nos despedimos de La Salle Kirenge entre lágrimas, bailes tradicionales, canciones y abrazos con los niños. También tuvimos nuestra despedida con los profesores, quienes durante estas semanas no solo nos enseñaron, sino que nos hicieron sentir parte de su comunidad. Decir adiós fue difícil, porque en tan poco tiempo habíamos creado vínculos que ya significaban mucho.

El fin de semana visitamos el Parque Nacional de Akagera, disfrutando de sus paisajes, animales salvajes y de la increíble naturaleza de Ruanda.


Durante la comida del domingo, aprovechamos para despedirnos de la comunidad de hermanos de Kisaro (H. Désiree, H. Maurice, H. Fidéle y nuestros cocineros Aldi y Cucukze), quienes nos han tratado con muchísimo cariño durante este mes. Después nos trasladamos a Kigali, con el hermano Jean Bosco.

El lunes visitamos la ciudad y pudimos ver el Memorial del Genocidio de Ruanda y el hotel de las Mil Colinas, famoso por la película Hotel Rwanda. Fue una visita dura y emocionante, pero necesaria para comprender mejor la historia de un pueblo que, a pesar de su pasado, ha sabido levantarse y mirar hacia adelante. Por la tarde paseamos por la Expo y compramos algunos recuerdos para llevarnos a España.

El martes visitamos a las Hermanas Guadalupanas de Muhanga, que nos recibieron con una enorme generosidad y nos regalaron una comida compartida llena de cariño.

Y entonces llegó el miércoles 19 de agosto. El inicio de nuestro regreso a España y nuestros caminos, poco a poco, se separaban, sabiendo que hemos compartido dursnte un mes una de las mayores experiencias que podamos tener en nuestras vidas.

Pero quizá esta vez no volvemos con las manos vacías. Volvemos con nombres, rostros, abrazos, risas, historias y recuerdos que no caben en ninguna maleta. Volvemos diferentes, porque hay lugares que no solo se visitan: se quedan dentro de uno mismo.

Nos vamos de Ruanda, pero una parte de nosotros se queda aquí, en sus aulas, en sus montañas, en sus canciones y, sobre todo, en todas las personas que nos hicieron sentir en casa.

Gracias, Ruanda. Por enseñarnos, por acogernos y por dejarnos una huella que sabemos que no se borrará. 🇷🇼❤️

Hasta siempre.

Deja una respuesta