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Tercera crónica del voluntariado en Ruanda.

La tercera semana en Ruanda nos ha permitido seguir profundizando en la vida del colegio y, al mismo tiempo, conocer un poco más de cerca la comunidad que nos rodea. Cada día vamos descubriendo que el voluntariado no está únicamente en las actividades que realizamos, sino también en los vínculos que vamos creando.

Esta semana hemos vivido un momento muy especial en el colegio: los alumnos de secundaria han ido a las clases de infantil para contar cuentos. Ver cómo los mayores se convierten en referentes para los pequeños nos recordó que aprender también significa compartir lo que uno sabe.

Por la noche preparamos una cena especial con toque español, para que los cocineros y los hermanos pudiesen degustar nuestra gastronomía. De esta manera pudimos compartir nuestra cultura con ellos.

Hemos continuado con las actividades deportivas, especialmente el voleibol y la educación física, incorporando también nuevos juegos como parte del aprendizaje.

También hemos tenido la oportunidad de compartir tiempo con los profesores fuera del horario escolar. Estos momentos más tranquilos nos han permitido conocernos mejor, intercambiar experiencias y descubrir que, más allá de las diferencias culturales, existen muchas cosas que nos unen.

Durante la semana también salimos a conocer Kisaro, visitando su mercado, algunos puntos de interés y diferentes lugares desde los que pudimos disfrutar de sus paisajes. Caminar por el pueblo y observar su ritmo cotidiano nos ayudó a comprender un poco mejor el entorno en el que estamos viviendo estas semanas.

En el colegio, además, hemos terminado de pintar el campo de voleibol y hemos aprovechado el suelo para crear nuevos espacios de juego, pintando rayuelas, damas y otros juegos.

El fin de semana llegó uno de los grandes momentos de esta semana. Nos desplazamos hasta el monte Bisoke para realizar la ruta relacionada con la tumba de Dian Fossey, una de las grandes figuras de la conservación de los gorilas de montaña. Durante el recorrido también pudimos contemplar tumbas de gorilas, lo que hizo que la experiencia tuviera todavía más significado.

La ruta fue difícil y exigente, con momentos en los que el cansancio se hizo notar. Sin embargo, cada paso mereció la pena. Rodeados de naturaleza y de un paisaje impresionante, entendimos que algunas experiencias requieren esfuerzo para poder disfrutarlas plenamente.

Tres semanas después de llegar, Ruanda ya no se siente solo como un destino: empieza a sentirse como una experiencia que forma parte de nosotros

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